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jueves, 4 de octubre de 2007

todo se pierde


Todo se pierde. Se pierde la micro, se pierde el metro, los
lápices, los encendedores, perdemos la ropa, perdemos un orgasmo,
perdemos el amor, perdemos un padre, un hijo, un amigo y un enemigo,
perdemos la hipoteca, perdemos las boletas del agua y la del pan,
perdemos la tarjeta bip, un anillo, un aro o un par de aros, perdemos
un vuelo, un taxi, un colectivo, perdemos un zapato, unas gafas, un
reloj, un cortacartón, una aguja, perdemos el tiempo, perdemos la vida,
se pierden los sueños, la fé... todo se pierde. Mi carnet de identidad
se pierde, mi carnet de los pacos se pierde, mi pase escolar se pierde,
mi tarjeta de la pega se pierde, mi plata se pierde, mi paciencia se pierde y mi Amor...
...Mi Amor también se pierde.

miércoles, 13 de junio de 2007

La inundación

Anoche soñé algo de lo mas bizarro (para variar) Soñé que mi mamá, un personaje que no logro recordar, y yo vivíamos en una casita en la parte alta de una ciudad hecha de todas casitas asi. Nos asomábamos a la ventana y veíamos como el mar rodeaba la pequeña ciudad y crecía. Se volvía tormentoso pero el cielo estaba todavía azul y había sol, las olas crecían hasta inundar la ciudad y nosotros veíamos todo lo mas panchos por la ventana.
Inmediatamente después se hacía de noche y yo estaba en el hall de un edificio, en medio de la inundación, con miedo a morir electrocutada. Incluso me acuerdo de mi preocupación por una estufa eléctrica q yo veia.
En el mismo sueño creo que caminé por un estacionamiento vacío en un subsuelo, pero ya no cuento mas nada porque se empieza a volver borroso. Si alguien sabe que quiere decir soñar con olas grandes y el mar, agradecería mucho que me lo dijera porque ya van varias veces que me pasa.


saludetes.

domingo, 20 de mayo de 2007

Welcome to the escalera, pt. 2

Peldaño medio: El descanso


Siento pánico
un peldaño cederá
pronto sabré cual
(Escalinata de Haikus)
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Aquel otoño que nevó en Resistencia fue la época más feliz de mi vida. El clima había estado anormal desde hace un tiempo y muchas cosas raras habían ocurrido. Entre las más destacadas se encontraban la tansformación del río Paraná en sangre y la invasión de alcaravanes. Pero nunca fui de leer el diario y cegado por la felicidad que me colmaba no supe reconocer las señales de mi perdición.
Frecuentaba por esos días un bar clandestino. Me había hecho amigo del dueño y tenía acceso a la zona restringida, unas habitaciones en el fondo del local donde se llevaban a cabo juegos y apuestas ilegales.
Al poco tiempo me había endeudado seriamente pero no me preocupaba. Tan solo me faltaba un golpe de suerte y estaba seguro que no tardaría en llegar. Sentía que la vida me sonreía, aunque más tarde me pregunté si no habría confundido por sonrisa lo que en verdad había sido una mueca burlona de sarcasmo...
Fue en ese bar que la vi por primera vez. Ella estaba en una mesa en un rincón hablando con un hombre de rostro preocupado. Notó que la miraba y sus ojos chocaron con los mios. Mantuvimos la mirada por unos segundos y luego volvió a mirar a su interlocutor.
Quedé mirandola un rato más, estudiandola. Sus ojos, su mirada intensa, sus labios, sus ocasionales sonrisas... Me había enamorado...
Me acerqué a la barra en busca de información...
- Lo mismo de siempre compadre - dije dirigiendome al barman
- Marcha un vaso de "leche de cabra" - respondió el barman guiñandome el ojo
Tomé unos sorbos y pregunté
- Quién es esa mujer en la mesa del rincón? Es la primera vez que la veo por estos lados...
- Su nombre es Rosaura Galleta. El jefe le deja tirar las cartas siempre y cuando no moleste - Me informó
No le hablé esa noche. En cambio fui al fondo y aposté 1.000 australes en la pelea de gallos. Tenía un buen dato que me había dado un coronel amigo mio...
El destino quiso que perdiera...y la desgracia hizo que me cortaran dos dedos de la mano izquierda como pago de mis agigantadas deudas.
No volví al bar...y no volví a ver a Rosaura...por un tiempo....
Habían pasado dos semanas y ya me estaban volviendo a crecer los dedos cuando me encontré con un malandrín del bar que, por casualidad o por destino, me comentó que Rosaura Galleta ahora leía el tarot debajo de un enorme árbol de cenizas, en la plaza central.
Quise fingir indiferencia, pero no logré engañarme. Estaba ansioso por verla de nuevo.
Caminé en dirección a la plaza. Esquivé un gato negro y sin darme cuenta, pasé por debajo de una escalera de albañil. Avanzaba con agilidad entre la gente. Estaba a dos cuadras de llegar cuando una voz me detuvo. Provenía de una limusina blanca que se había apareado a mi sobre el cordón de la vereda. No necesité que se identificara para saber que era Rogelio, el dueño del bar clandestino.
- Veo que te estás recuperando - dijo socarronamente
- Voy apurado Rogelio... No tengo tiempo ahora...
- No vas a ningún lado... Tenemos aún algunas deudas pendientes.
Chasqueó los dedos y al instante 3 matones salieron de la limusina y me metieron dentro por la fuerza.
Unos golpes en la cara y 2 dedos después...logré convencer a Rogelio en arreglar todo en una partida de poker. La idea le gustó, seguramente porque pensaba que de esa manera se garantizaría prolongar el que parecía ser su pasatiempo favorito, cortar dedos.
Tres horas y media después...tras un largo y agonizante partido...por fin me llega una mano buena. La mano salvadora!... Hago mi mejor esfuerzo por poner cara de decepción y lo dirijo directamente hacia mi trampa... Todas las fichas estaban en la mesa. De perder, sabía que no podría pagar la deuda ni siquiera con mi vida...pero no iba a perder...
Rogelio soltó su mano algo preocupado, dudando si no se había dejado llevar por las emociones...
- Escalera - dijo con la voz un poco quebrada...
Miré sus cartas, me agarré la cabeza e hice el suficiente tiempo para que él pudiera alimentar falsas esperanzas...
Finalmente, tiré mis cartas...
- Escalera no es suficiente para una Escalera Color Real....
Salí de allí con los bolsillos repletos de dinero. Tanto era lo que Rogelio había apostado que me terminó de pagar con billetes del estanciero.
Antes de cruzar por la puerta, sientiendome dueño del lugar, dije por última vez:
- Lo de siempre compadre...
Y me fui de allí tomando leche de cabra... Esperando que esa bebida láctea milagrosa pudiera darme el valor de ponerme en frente de Rosaura Galleta de una vez por todas...y hablarle...
La vi, sentada debajo de un enorme fresno de frondoso follaje amarillo. Me llamó mucho la atención el árbol, el único de toda la plaza que todavía conservaba follaje (por efectos del otoño...y de la terrible peste de árboles que azotó a todos los árboles de la ciudad).
Cuando me acerqué a su mesita, ella estaba mezclando su mazo de tarot. Me presenté con mi primer nombre...
- Mi nombre es Caín
- Lo sé, te estaba esperando - dijo con una voz pausada
- Desde que te vi aquella noche en el bar...supe que eras el amor de mi vida...
- Eso las cartas lo dirán...
- No....yo no creo en esas cosas...
Hablamos por un rato y la invité a salir numerosas veces durante nuestra conversación...pero ella se negaba.
- No hasta que dejes que te tire las cartas - me dijo
- Muy bien entonces, es un trato - accedí
- Pero mis servicios no son gratis...
- Bueno...cuánto cuesta una tirada de cartas??
- Cuánto tenés encima?
Fue una increible casualidad que la cantidad de plata que traía encima, o sea todo lo que acababa de ganarle a Rogelio en el poker, era precisamente el monto exacto de su tarifa por tirar las cartas!!...
Fue tirando las cartas...una tras otra... Y una a una fueron cayendo...siempre la misma carta... Cinco veces seguidas salió una carta con un dibujo de una escalera. La mirada confundida de Rosaura me asustó. Le pregunté si era un mal augurio...
- No es el hecho que haya salido cinco veces la misma carta lo que me preocupa - dijo - Sino el hecho de que esta carta no existe en la baraja de tarot.... - Al tiempo que decía esto, guardaba el mazo
Finalmente logré convencerla de mis intenciones y me invitó a su casa... Me dio la dirección, juntó todas sus cosas y se marchó apurada...
Llegué a la hora indicada... Miré bien el papel y corroboré con el número en la pared.
- Colón 145, este es el lugar... - Dije para mi mismo
Llamé a la puerta...y esta se abrió con mi primer golpe, estaba tan solo arrimada. Recién cuando vi hacia el interior recordé el lugar. Tan solo cuando vi el interior...recordé...la escalera.
Ya había estado allí antes y pensé que jamás volvería. Pero ahí me encontraba, no podía volverme atrás. Sentí erizar los vellos de mis brazos, una extraña electricidad recorría mi cuerpo.
Por fin me decidí y subí la escalera. A cada escalón admiraba su belleza, la increible artesanía con la que había sido concebida... Al llegar arriba me encontré con un pasillo largo, sin puertas ni ventanas. Tan solo un pasillo oscuro.......con una escalera al final...

miércoles, 9 de mayo de 2007

Introducción a la escalera (welcome to the escalera)

Peldaño inicial/ Primer escalón:



La escalera
me provoca confiada
pues no tiene fin
(del libro "Escalinata de Haikus: Vol. 1")


Mi nombre es Caín Abel Bondark...Durante gran parte de mi vida recibí cargadas sobre la composición de mis iniciales...Soporté que me dijeran en el aula..."ehh Club Atlético Belgrano..."......o que me gritaran por la calle..."Club Atlético Banfield"...y hasta dejé que algún listillo se propasara añadiendole una Jota al final de mis iniciales...Aunque creo que la mayor broma me la gastaron mis padres al bautizarme con aquellos dos nombres que marcarían mi destino...encaminando mis pasos por una escalera que no se suponía que debiera subir...De muchacho fui siempre, por naturaleza, inquisitivo...curioso... Y el rechazo y aislamiento al que me sometido cuando estaba comenzando a formar una identidad...no hizo otra cosa que apuntalar más estas cualidades que Dios con sospechosa e inescrutable generosidad me había provisto... Convertí en ícono de adoración y estudio a personas, objetos y circunstancias...
Me volví obsesivo...

Por ese entonces fue que adquirí un fuerte interés por las escaleras... La curiosidad que suscitaban en mí mente infantil era casi magnética...podía sentirla en la piel...Ya desde aquellos tiempos sentía gran inquietud por saber que había al final de cualquier escalera que se cruzara en mi camino... Allí donde veía una puerta abierta y tras la puerta una escalera que comenzaba...mi mente comenzaba a generar todo tipo de hipótesis...y sentía el impulso incontenible de tener que pisar, al menos, el primer escalón... Fue recién hace muy poco que me pregunté a mi mismo...sobre el orígen de esta fijación con las escaleras, del primer momento en que una de ellas había atraído mi atención...Me puse a meditar una noche, sentado en mi escritorio de trabajo. Corrí unos papeles, tomé uno en blanco y un lápiz. Una serie de recuerdos cayeron en cadena sobre el papel...

Recordé a mi abuela bajando de espaldas la escalera de casa... Era una imagen fugaz. Recordé esa misma escalera de mi patio, años más tarde, cuando atamos a Cuco en el último
escalón porque ladraba enardecido cuando venían a cambiar las garrafas de gas. Fue una
tragedia para mis ojos encontrarlo colgando de esa altura por su correa...pendiendo...ya muerto.
La más empinada de las escaleras...era la de la pensión donde vivía mi tía Lica. Cuando iba a visitarla nunca subía hasta su habitación, me lo tenía terminantemente prohibido. Siempre
la esperaba en el patio, donde tomábamos mate y comíamos los chipás que ella cocinaba. Un
día bajaba la escalera con la bandeja de chipá, trastabilló y cayó más de doce escalones. Se
rompió la muñeca de la mano derecha.
En mi escuela secundaria había una escalera que guiaba a dos aulas adicionales que poco se usaban. Por lo general eran ocupadas por la Señorita Cepeda, una simpática y dócil anciana, profesora de Educación Cívica. Ella prefería esas aulas, arguía que la altura disminuía el ruido, creando así un ambiente de estudio más apropiado. No hubo clase el día en que su sobre peso traicionó sus pasos y la hizo caer rodando por los escalones para encontrar la muerte a la vista de todos los impresionados alumnos que disfrutaban aun del recreo... La escalera permaneció, tras ese desafortunado acontecimiento, bloqueada por un enrejado. Nunca tuve oportunidad de subirla siquiera una vez, ni conocer las dos aulas de arriba.
Dejé el papel a un lado y pensé en todos los sucesos que me involucraban con escaleras...

Pude notar con facilidad...que en todos...sin excepción...había un elemento de infortunio.
Alguien siempre salía lastimado. No juzgué tan descabellada la idea de Cortazar de escribir
instrucciones del adecuado uso de las escaleras entonces... Aunque presentí que mi abuela
sabía más...

Dejé las cavilaciones oscuras por un momento. Me paré en frente de mi ventana, corrí las
cortinas...y como todos los días a las 4 de la mañana, prendí mi pipa y observé al vecino de
en frente cavar en su patio trasero y enterrar una sospechosa bolsa de consorcio con forma
de cuerpo humano. Las pompas de humo flotaron y jugaron en el aire. Hipnotizado por la danza
del humo...y sin quererlo, retomé los pensamientos que había dejado abandonados en el
escritorio...
La escalera que recordaba con más intensidad...con exaltación y perturbación
simultanea...era una que había descubierto por una vereda de la calle Colón. Por esta calle
abundaban los negocios de ropa, kioscos y comercios varios... Caminaba por allí casi a diario
y nunca había notado esa puerta hasta entonces... Trasladé mi mente a ese día en que asomé mi cabeza por el umbral de la puerta y en la penumbra vislumbré la escalera... Era hermosa, de madera lustrosa y bien cuidada. El pasamanos era de un precioso metal moldeado con las formas más atrayentes que había visto jamás. Sentí un agudo y apremiante sentimiento en el pecho que puedo ahora tan solo identificar como el destino guiando mis pasos hacia lo inevitable. Miré a los dos costados de la vereda desierta y me lancé hacia la escalera...subí rápidamente tres escalones y me paralicé. Así como la curiosidad, en un arrebato, me había llevado a subirla, el miedo me
hizo bajarla, corriendo también...para no volver nunca más... Al menos eso creí...